Vivimos en la sociedad de ‘el vacío en tecnicolor’ como diría el señor Lipovetsky. Sí, se que empiezo fuerte, pero el actual momento que nos ha tocado vivir no merece menos. Todo lo que nos rodea sirve para alienarnos más y más, hasta llevarnos a la insustancialidad total y absoluta. Vemos la tele para no pensar, chateamos para no pensar, compramos para no pensar. Todo esto esta fomentado por un sistema al que le interesa que seamos individuos similares a maquinas de gastar, porque gasto = beneficio y ah, claro, sin el beneficio todo se iría a tomar vientos. Y no digo que yo no consuma, que lo hago, pero, por favor, habría que ir despertando del cajón en el que estamos metidos. Pensar más, leer más, escribir más, ‘movernos’ en definitiva, para que, aun gobernados por una complicada maquinaria, seamos individuos separados. Para que seamos únicos, animalitos con ideas, con nuestra propia mente que funciona, que crea, que destruye, porque, amigos míos, nuestro cerebro es insustituible y si lo llenamos de basura, se convertirá en un vertedero. Aprovechemos, mientras respiramos, a llevar el oxigeno en dirección correcta y no limitarnos a producir CO2 sin control. He dicho.